Ciclo reproductivo de la perra.


La estrategia reproductiva de los animales depende sobre todo de dos factores: el fotoperiodo y la disponibilidad de alimentos. Los efectos de la domesticación han hecho que nuestra perra, hoy en día pueda presentar hasta tres ciclos al año, que actualmente no dependen tanto de los factores citados antes, ya que nuestra perrita tiene los cuidados maternales y la alimentación asegurada por su propietario o criador.

En el lobo, especie de la que proviene el perro, la cría está limitada a una camada al año precisamente debido a la adaptación al clima y a las fuentes de alimentos. Los cachorros deben nacer en una estación de clima suave y en la que la alimentación esté asegurada, de otro modo sería un esfuerzo reproductivo inútil y no se conseguiría el fin buscado, la perpetuación de los genes. 

La perra, desde el punto de vista reproductivo, se define como una especie con ciclo sexual monoéstrico de ovulación espontánea. El intervalo inter estro, definido como el tiempo desde el comienzo de un ciclo estral hasta el inicio del próximo, posee una duración variable de entre 5-11 meses. En este sentido, las perras presentan un intervalo inter estro mínimo 120 días que se corresponde con la fase luteal.

Nuestras perras domésticas suelen presentar 2 ciclos estrales al año, variando entre 1 y 3 ciclos al año según la raza, la edad y el individuo, por lo que pasa gran parte del año en reposo sexual. Así, las hembras de raza Rottweiler parecen estar predispuestas a manifestar intervalos inter estro cortos, mientras que las de raza Basenji y Galgos y otros cánidos silvestres normalmente tienden a mostrar intervalos inter estro largos (de 10 a 12 meses). El ciclo estral de la perra, con una duración media de 18 días, está constituido por 4 fases (proestro, estro, diestro y anestro). Generalmente el inicio de la fase proestral se corresponde con el inicio del ciclo reproductivo.

El proestro, fase de incremento de la actividad folicular ovárica que precede al estro, muestra una duración media de 6-11 días (rango de 2-3 hasta 25 días según Bell and Christie en 1971). Durante esta fase, bajo estimulación estrogénica se producen una serie de cambios físicos evidentes tales como la aparición de una secreción vulvar serosanguinolenta procedente del útero, una tumefacción vulvar y atracción del macho como consecuencia de la liberación de feromonas a través de la secreción vaginal, rectal y urinaria (Goodwin et al., 1979). En cambio, durante esta fase de proestro, la hembra mantiene una ausencia de receptividad sexual, reaccionando a la cortejo con manifestaciones vocales o reacciones agresivas o violentas. Durante el proestro los estrógenos producidos por el folículo ovárico, representan la hormona predominante, responsable de las modificaciones peculiares de esta fase.

El estro muestra una duración media de 5-10 días (rango de 2-20 días según Bell and Christie en 1971). Se estima como la fase de receptividad sexual positiva, de tal manera que se considera como inicio del estro el primer día en el que la hembra acepta el coito con el macho. Las manifestaciones clínicas se caracterizan por la aceptación pasiva o activa del macho, desviando la cola y adoptando una postura de lordosis. Además, se registra una disminución del edema y de la secreción vulvar. Por otra parte, esta fase se caracteriza por una elevación de los niveles plasmáticos de progesterona, iniciada desde finales del proestro y mantenida durante todo el periodo estral.

El diestro, periodo de secreción de progesterona a partir de los cuerpos lúteos formados, se inicia en el momento en el que la hembra muestra un rechazo patente a la cópula. Tiene una duración variable en torno a 60-80 días (Holst and Phemister, 1974). Se caracteriza por la disminución del tamaño y el tono de la vulva y la disminución del interés mostrado por el macho.

Tras la ovulación, la formación del cuerpo lúteo induce la producción continua de progesterona, con o sin gestación, con un pico máximo a los 20-30 días del pico de LH y una posterior disminución gradual durante los siguientes 40-60 días. En perras gestantes, la progesteronemia cae de forma llamativa para iniciar el parto, el cual no sucede hasta que la progesterona sea inferior a 2ng/ml. La prolactina está presente y es necesaria durante la fase luteal, incrementándose mucho más en respuesta a la caída de la progesterona al final del diestro y promoviendo el comienzo y mantenimiento de la lactación.

El anestro, periodo de descanso del ciclo reproductivo de la perra, muestra una duración mínima de 7 semanas y máxima 1 año (Andersen and Wooten, 1959). Clínicamente es un periodo de inactividad que se caracteriza por la no atracción del macho y el rechazo a la cópula, junto a la presencia de una vulva pequeña y con ausencia de secreción.